Nuestro viaje comienza tomando cuatro autobuses para llegar a El Polvorín, un pueblito en Turmero. Una vez allí, comenzamos a caminar, haciendo paradas muy breves para fotografiar el hermoso paisaje y actualizar nuestro rutómetro. La caminata el primer día es fuerte, tomando en cuenta que partimos de los 625 m.s.n.m. y debíamos alcanzar los 1635, a esa altura se encuentra el puesto de guarda parques Simón Machado, desde el cual podemos ver la ciudad de Turumero, La Encrucijada, en fin.
Al día siguiente, el asunto se pone serio, si bien la altitud máxima alcanzada fue de 1895 m.s.n.m. el camino es de eternas subidas y bajadas cruzando selvas tropicales, valles de helechos, bosques de bambú, sin olvidarnos de las cascabeles, mapanares y hasta una cazadora a la que le interrumpimos su merienda que consistía en una pobre rana. Pero como todo esfuerzo tiene su recompensa, llegar a el Cañón de Chorrerón, es el premio mayor. Para ello requerimos de 6 horas de caminata sin parar y bajar a 390 m.s.n.m.
En nuestro tercer día, ya descansados, disfrutamos de este bello lugar, sus cascadas, la mayor, de más de 10 metros de altura y como no podía ser de otra forma, también escalamos. Nos inventamos una travesía en la falda del cañón sobre un colchón de agua que nos regalaba el río. También, están dos rutas, una deportiva y una variante en clásica. No podíamos dejar de intentar un bulder en una arista al que bautizamos “El Cangrejo”
Y retomamos la caminata, es un camino de hora y media de bajada hasta Chuao, mientras lo recorremos, vamos dejando atrás el cañón mientras apreciamos su magnitud. Ya en el pueblo de Chuao, no dejamos de comprar el cacao en pasta que allí venden, siendo esta una población que en la época de la colonia era famosa por su cacao.
Tomamos un bus que nos lleva hasta la playa, desde esta, podíamos tomar un peñero para conocer la playa de Cepe, muy recomendada por cierto, pero no fue así…
Esta historia continúa…
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